Todo empezó con una semilla de copinol

"Todo empezó con una semilla de copinol". Con esta frase Gregorio Díaz, miembro de la Asociación Cooperativa "La semilla de Dios" de R.L., describió el origen del excepcional patrimonio de La Palma, en Chalatenango: las artes...
Hasta 1972, los habitantes del municipio de La Palma se dedicaban a labores eminentemente agrícolas, pero un artista capitalino cambió para siempre el rumbo productivo del lugar.
En ese año, el artista plástico Fernando Llort se instaló en La Palma, de donde es originaria su esposa, y enseñó a los lugareños a decorar las semillas de copinol con diseños muy particulares que ahora son el símbolo de este municipio y de todo el país, en el mundo entero.
“Podría decirse que el tipo de diseños y dibujos que distinguen a La Palma se lo debemos a Fernando, porque él inicia con todo esto; él empuja la cuestión y él forma a la gente. Les enseñó a diversificar la producción en tela, papel, cuero, cerámica y madera”, explicó Díaz.
Alegres colores, dibujos geométricos y de líneas muy básicas de animales, personas, árboles y casas con techos espectacularmente rojos son los íconos más comunes de estas artesanías, aunque con el tiempo y la creatividad, los diseños fueron variando.
El 27 de agosto de 1977 fue un día histórico para los palmeños, pues los alumnos de Llort fundaron la primera cooperativa artesanal con el nombre de “Semilla de Dios”. Con el paso de los años, la venta de artesanías se convirtió en uno de los ingresos económicos más importantes del municipio.
El éxito del rubro originó el crecimiento paulatino y constante del mismo, a tal grado que, actualmente, ya hay dos cooperativas y cerca de 110 talleres familiares, ubicados en el centro de La Palma. “Los talleres pequeños surgieron con el tiempo. Los fundadores de la cooperativa se fueron separando poco a poco e instalaron sus propios talleres y salas de venta”, explicó Díaz.
“La semilla de Dios” exporta el 75 por ciento de sus productos, en su mayor parte, a Estados Unidos, aunque también a Italia, Alemania, Suiza y Australia.
“Empezamos a exportar desde finales de 1984. Antes de eso sólo exportábamos a Costa Rica, pero ahora ya logramos llegar a Europa”. El restante 25 por ciento de la producción, la cooperativa lo distribuye en algunas tiendas de San Salvador y en la sala de ventas de La Palma.
Pese a que no cuenta con ningún tipo de apoyo o subsidio de gobierno, la cooperativa ha crecido mucho y da trabajo a unas 40 personas, la mayoría de las cuales ganan por pieza elaborada.
Importante apoyo al sector femenino
La mayor parte de los artesanos empleados por esta cooperativa son mujeres, según indicó Díaz. A ellas se les brindan algunas consideraciones especiales, por ejemplo, se les permite llevar a sus hijos al trabajo, si es necesario, o pintar o barnizar las piezas en sus casas, debido a que muchas son madres solteras que tienen que cuidar a sus niños pequeños. “No queremos restringirle a las mujeres su oportunidad de trabajar”, dijo.
Muchas de estas mujeres han encontrado en la cooperativa su única fuente de ingresos. La mayor parte de ellas tiene, como mínimo, 10 años de laborar en ella.
La cooperativa se encuentra ubicada en el Barrio San Antonio, en La Palma. La sala de ventas permanece abierta de lunes a domingo, de 7 a 12 de la mañana y de 1 a 5 de la tarde. La variedad de productos es muy amplia, pues los artesanos se preocupan por sacar nuevos productos constantemente.
Aquí se puede encontrar artesanías decorativas como lámparas, cruces, joyeros, bateas, entre muchos otros; también hay piezas para uso doméstico, juegos educativos para niños como rompecabezas, entre muchos otros. Aunque las artesanías de La Palma se fabrican, en su mayor parte, en madera de pino, también pueden encontrarse en cerámica, semillas de copinol y ropa bordada.
En ese año, el artista plástico Fernando Llort se instaló en La Palma, de donde es originaria su esposa, y enseñó a los lugareños a decorar las semillas de copinol con diseños muy particulares que ahora son el símbolo de este municipio y de todo el país, en el mundo entero.
“Podría decirse que el tipo de diseños y dibujos que distinguen a La Palma se lo debemos a Fernando, porque él inicia con todo esto; él empuja la cuestión y él forma a la gente. Les enseñó a diversificar la producción en tela, papel, cuero, cerámica y madera”, explicó Díaz.
Alegres colores, dibujos geométricos y de líneas muy básicas de animales, personas, árboles y casas con techos espectacularmente rojos son los íconos más comunes de estas artesanías, aunque con el tiempo y la creatividad, los diseños fueron variando.
El 27 de agosto de 1977 fue un día histórico para los palmeños, pues los alumnos de Llort fundaron la primera cooperativa artesanal con el nombre de “Semilla de Dios”. Con el paso de los años, la venta de artesanías se convirtió en uno de los ingresos económicos más importantes del municipio.
El éxito del rubro originó el crecimiento paulatino y constante del mismo, a tal grado que, actualmente, ya hay dos cooperativas y cerca de 110 talleres familiares, ubicados en el centro de La Palma. “Los talleres pequeños surgieron con el tiempo. Los fundadores de la cooperativa se fueron separando poco a poco e instalaron sus propios talleres y salas de venta”, explicó Díaz.
“La semilla de Dios” exporta el 75 por ciento de sus productos, en su mayor parte, a Estados Unidos, aunque también a Italia, Alemania, Suiza y Australia.
“Empezamos a exportar desde finales de 1984. Antes de eso sólo exportábamos a Costa Rica, pero ahora ya logramos llegar a Europa”. El restante 25 por ciento de la producción, la cooperativa lo distribuye en algunas tiendas de San Salvador y en la sala de ventas de La Palma.
Pese a que no cuenta con ningún tipo de apoyo o subsidio de gobierno, la cooperativa ha crecido mucho y da trabajo a unas 40 personas, la mayoría de las cuales ganan por pieza elaborada.
Importante apoyo al sector femenino
La mayor parte de los artesanos empleados por esta cooperativa son mujeres, según indicó Díaz. A ellas se les brindan algunas consideraciones especiales, por ejemplo, se les permite llevar a sus hijos al trabajo, si es necesario, o pintar o barnizar las piezas en sus casas, debido a que muchas son madres solteras que tienen que cuidar a sus niños pequeños. “No queremos restringirle a las mujeres su oportunidad de trabajar”, dijo.
Muchas de estas mujeres han encontrado en la cooperativa su única fuente de ingresos. La mayor parte de ellas tiene, como mínimo, 10 años de laborar en ella.
La cooperativa se encuentra ubicada en el Barrio San Antonio, en La Palma. La sala de ventas permanece abierta de lunes a domingo, de 7 a 12 de la mañana y de 1 a 5 de la tarde. La variedad de productos es muy amplia, pues los artesanos se preocupan por sacar nuevos productos constantemente.
Aquí se puede encontrar artesanías decorativas como lámparas, cruces, joyeros, bateas, entre muchos otros; también hay piezas para uso doméstico, juegos educativos para niños como rompecabezas, entre muchos otros. Aunque las artesanías de La Palma se fabrican, en su mayor parte, en madera de pino, también pueden encontrarse en cerámica, semillas de copinol y ropa bordada.


